Él sigue contando las luces que se prenden en el cielo. Ciento cincuenta y uno, ciento cincuenta y dos. De pronto se da cuenta de que la ciento cincuenta y tres es en realidad un avión que se dirige al aeropuerto. Se olvida el número y arranca de nuevo. La estrella naranja treinta y cinco titila al compás de los relámpagos que se ven en el horizonte. De un momento a otro desaparece. Un brillo se apaga en el firmamento. Se queda mirando desilusionado. Se pregunta si alguien llorará la muerte de una estrella. ¿Le harán un funeral?

Pobrecita, demasiada soledad — piensa mientras incluye a una luciérnaga traviesa en su cuenta.

En una línea temporal diferente, la expresión de mis deseos se cumple. Pero en este plano, me encuentro en un loop eterno de caminatas. Algunos le llaman zanahoria, otros utopía. ¿Será que solo genero procesos y nunca resultados? Me levanto de la silla, le doy un sorbo a la taza de té tibia y me pongo a lavar los platos. El gato de la vecina me mira fijo desde la ventana de enfrente. Pienso en que sus metas son más simples que las mías. El gato piensa en lo difícil que será conquistar el mundo.

Las ojeras se dibujan bien profundas en mi cara. Ponete esta base, que el té ayuda, que no está bueno estar tan demacrada. Esa línea orgánica que sale del extremo interno del ojo y que indica que no soy la mujer perfecta. Y me recuerda mi falta de organización. Que tengo que dormir más, comer mejor, hacer ejercicio, vivir una vida de manual y verme como catálogo. Las saludo a la mañana. También a la tarde. Ellas me devuelven una sonrisa brillante. Me comentan que es preferible tener cosas que me llenen a una cara bien lisa libre de mundo.

Veinte tutucas. Un lápiz HB corto. De longitud, no de ideas. Unos auriculares gastados de escuchar las mismas notas. Manchas de pintura sin historias. Una biblioteca llena de libros. Dos cuadros observan desde la pared. La tele prendida en loop. El mate con frio porque se siente abandonado. Una hoja llena de garabatos. La soledad del interior. La compañía de este lugar.

No hay brújula que pueda corregir este camino. Alguna vez habré agarrado un mapa y marqué una ruta-firulete para que pareciera que sabía a donde iba. Si la libertad me ofrece sorpresas, entonces no la cambio por ninguna tierra estable. Le doy un abrazo a mi barco. Despliego las velas. La corriente me impulsa a descubrir este mundo. Bon voyage. Es tan divertido como el océano de mi cabeza.

Desde la ventana se puede sentir cómo el viento trae el aura de los tilos. La sabana negra-azulada que cubre este lado del mundo se encarga de ocultar algunos tesoros terrestres. Ella mira con fuerza y logra reconocer algunas formas. Un murciélago aletea con decisión. La luna tiene una fase extraña. Parece que la gravedad se come la luz de la superficie. En su mente, un oscuro pensamiento tiñe poco a poco esa cordura que la sostiene. Le da un sorbo al té de canela. Una polilla sacude la cabeza contra el vidrio, atraída por los últimos destellos de su mirada. El celular suena. Parálisis.

Alguien escucha a lo lejos el estallido de una taza soltada desde un balcón.

Nota: Los letterings son de mi autoría hechos para un desafío que hice en febrero de 2021 #unletteringpordia. Pueden ver más en mi IG @pauramosilus

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